Llovía, hacía meses que no lo hacía. El cielo limpiaba la tierra, el Strómboli sacaba toxinas, y todo se regeneraba mientras el barco alcanzaba la orilla.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

Llegué al puerto, lo besé, la gente miraba ¿Qué sabrían ellos que conmigo estaba mi abuelo? ¿Qué sabrán de genes que viajan transgeneracionalmente burlando al tiempo?

Y caminé. No pensaba en nada. Seguí una dirección que reconocía, que me llegaba de lejos.

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

Llegué al cementerio. En casi todas las lápidas estaba grabado Tesoriero.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

Esta historia es clandestina, que nunca mejor dicho y, como hicieron mis ancestros, la entendí atando cabos, como mis piratas, que derivan en mi sangre y fondean en mi cuerpo. Se la debo a ellos, quienes me amarraron a estas costas, me trajeron a vela, con viento de proa, capeando avatares y activos volcanes y que, junto a sus más preciados tesoros, me han enterrado y así mi linaje, de botines y anclajes, y de ahí: Tesor-iero.

 

Tesoriero es mi apellido y lo que significa es quienes guardan el tesoro. Es mi rama más paterna, que viaja del padre de mi padre que un día emigró de Panarea.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

Isla de las Eolias*, santuario divino de nuestro gran Eolo: padre de piratas de aventura, de libertades, clandestinidades y tesoros.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

Strómboli. Islas Eólicas

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

Panarea. Islas eolias

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 


 

Este archipiélago está habitado desde épocas prehistóricas. Si uno llega a la cala Junco, y no se para, el mismo acantilado lo llevará a un promontorio de encuentros, y desencuentros.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

Cala Junco – Panarea


 

El extremo más extremo se llama Punta Milazzese, que en la Edad del Bronce (siglo XV al XIII AC) estuvo habitado por la cultura Tapso, que venían desde Siracusa, quienes dejaron sus ruinas justo en el lugar donde, más tarde, los piratas berberiscos de Barbarroja eligieron su punto de mira.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

 

 

 

 

 

 

 

Punta Milazzese. Panarea

 


 

Desde allí podían ver cómo se acercaban las embarcaciones enemigas, y así se hicieron poderosos. Aunque su suerte posiblemente no fuera solo por este puesto vigía, pudo haber tenido que ver la obsidiana o la financiación extranjera… o las tres cosas.

 

Tesoros ocultos por los piratas de Barbarroja

 

Pero, no es de Panarea de lo que hablaré. Tampoco de los Tapsos.

Si bien visitaron la isla, no es de allí de dónde vengo.

Yo estoy hecha de vientos fuertes y furtivos.

De excavaciones, escondites, de tesoros, parche y catalejo.

 


 

En el siglo XVI, el corsario Barbarroja, a las órdenes de Francia, con 150 naves saqueaban las islas. Los habitantes eran vendidos a la mafia de la trata de personas y convertidos a esclavos otomanos, sobre todo las mujeres; los hombres eran directamente decapitados. La llamaban Guerra Santa, ¿te suena?, y hasta hoy, los actores de este circo siguen siendo los mismos. Según la historia oficial, en el siglo XIX, las galeras piratas dejan de surcar los mares cuando Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña deciden ya no financiar a los reyes berberiscos.

 

 

No debo mentirme, así empieza parte de mi saga, entre robos y redadas, derroteros y abordajes. No es casual  nuestra historia. Muchos de mi familia son, o fuimos, bancarios: quienes guardan el dinero. Mi padre y mi madre se han conocido así, y de ese encuentro me hice cuerpo. Al final, somos el Efecto Mariposa de «la teoría del caos»; pero está en nosotros elegir o, como autómatas, seguir el dictado.

Estas uniones, hechas de lealtades familiares inconscientes*, que nos llevan a repetir… estas herencias eventuales que se reencarnan a través de las generaciones, viajan en el tiempo por el canal de lo No-dicho, lo No-pensado, lo No-sacado, lo reprimido.

 

 

Y por eso lo escribo, lo hablo, lo reinterpreto y lo tiro, en un mensaje en la botella,

gritando desde la proa: -¡Barco hundido!

 


 

Por esta razón decidí viajar en año nuevo y así devolverles parte del botín. Un 31 de octubre, navegué al punto de encuentro de los vientos de Eolo, pisé tierra el día de Todos los Santos, no he dormido, los he velado y erupcionado, acompañada de Todos Mis Muertos, yendo y viniendo, como la marea, del muelle al cementerio, toda la noche, en un parto sin fin.

 

Al otro día, me iba, como lo hizo Ulises; él desde Vulcano, con un odre lleno de vientos favorables obsequiado por el mismo Eolo. Yo, desde Panarea, con un cofre desenterrado. Él, después de años llegaba a su Ítaca. Yo, después de generaciones, llegaba a la mía: a mí: a Laura a secas, sin apellido, sin lealtades familiares, sin pasado. Cerrando mi ciclo a lo Julio Verne, en ese viaje al centro de la Tierra; cuando los peregrinos emergían del cráter del Strómboli en su viaje a las superficies; y como yo, en Panarea, con el corazón en la mano, desenterrado del Tirreno, amasada de la lava y la ceniza, y rehecha del agua y del fuego.

 

 


EL RELATO EN IMÁGENES