Suelo dejarlo todo para jugar con los niños. Son la excusa perfecta para sacarme el polvo que dejan algunas relaciones «adultas» y evadirme por un rato del mundo tan lleno de estas formalidades deformes De esta manera, hago un viaje retrospectivo hacia mis cinco años, donde solo había espacio para soñar despierta y poco más. Así que viajo a mi Laurita, y la abrazo, y son los niños el puente hacia ese otro lugar que comienza cuando me arranco las máscaras que solemos usar para incomunicarnos.

 

 

 

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