La abundancia de Dionisio – contrario a lo que se cree – no radica en el exceso, sino en la simplificación. En la selección rigurosa del alimento. Entendiendo por alimento no solo aquello que ingresa a nuestra boca, sino a todos nuestros sentidos, en definitiva, a nuestra vida.

 

Dionisio*, dos veces muerto y dos veces nacido, había vagado por la Tierra con un profundo dolor. Preso de la locura y la tristeza a causa del tormento de Hera, deambuló por el mundo sin razón por mucho tiempo.

 

Un día descubre que del jugo de la uva fermentada salía una bebida capaz de proporcionar un inmenso placer. Este descubrimiento, en la vida del dios, fue un punto de inflexión. A partir de entonces, recorrería el mundo expandiendo el cultivo de la vid y de la religion dionisíaca seguido de las ninfas ménades, el viejo Sileno y el dios Pan quienes lo acompañaban en sus caravanas orgiásticas.

 

La abundancia de dionisio

 

Corría el 2020. Año maldito por Hera, si los hay.

La cosecha del vino llegaba.

Era septiembre.

Tiempo de vendimiar.

 

La abundancia de dionisio

 

Para entonces, yo como todos, transitaba un profundo dolor. Caminaba junto al miedo, la incertidumbre, sin futuro y volviendo a empezar. Un año de quiebres y mucha angustia. 

 

Y se me ocurrió participar en la vendimia del albariño, un vino blanco gallego de las rías baixas de la zona de Cambados. Me prestaron un coche viejo que utilicé de casa y allí fui, a mis profundidades dionisíacas a realizar un ritual de psicomagia. Sabía que recogiendo regalos de la tierra, vendría a mí abundancia.

 

La abundancia de dionisio

 

Llevé unas tijeras, guantes, algo de comida y unas sábanas para tapar las ventanas y así pasar, dentro de lo posible, más desapercibida. Iba a estar una semana vendimiando y tenía que ir preparada.

 

Cuando llegué me encontré con que la mitad de la vid estaba podrida. Le pregunté al encargado porqué y me respondió que era la primera vez que eso pasaba. Una plaga, probablemente – me dijo. Sin embargo, yo sabía que más que una peste era la ley de la sincronicidad. 

 

Pensé qué sería lo que quería decirme el destino. Pensaba recoger abundancia y me encontré escasez. No entendía qué debía hacer y se me ocurrió un ritual aún mejor que el anterior, y sentí gratitud.

 

La abundancia de dionisio

 

La uva, según la hermenéutica, simboliza el trabajo por el encuentro con el espíritu y con el verdadero sentido de la vida. Aparece en muchísimas ceremonias, sin ir más lejos el vino es la sangre de Cristo en la Eucaristía. En las bodas de Caná, Jesús transforma el agua en esta bebida espirituosa: sangre de lo sagrado.

 


Yo soy la copa. Dios, el vino.

Yo soy la flauta. Dios, el aliento.

Su Esencia, el Ser. Yo, el no-ser;

Yo, temporal. Dios, eterno.

(Nurbakish – sufismo)


 

El encargado ejercía presión. Había una media de cajas a rellenar. Si tu producción superaba el promedio, te pagaban de más. Sin embargo yo estaba allí por otra cosa. El dinero va y viene (en mi caso va); así que me relajé y me metí de lleno a la abundancia de Dionisio que poco tiene que ver con las monedas. 

 

la abundancia de Dionisio

 

 

 

Dionisio muere cada año con la llegada del otoño y del invierno, como yo, que moría para entonces tal cual la cosecha: escasa.

 

 

¡Y emprendí el ritual! Lo que me había llevado allí. El trabajo sobre uno mismo es como hacer un buen vino.

 

Tardé mucho con cada caja recolectada. No buscaba la cantidad. Iba detrás de uvas muy selectas. Descartando lo malo y apreciando lo bueno. Dejándole a la tierra lo que no sirve para su transmutación. Poder discernir nos embriaga de trascendencia.

 

De cada racimo aproveché solo su décima parte. Retiré una a una las uvas podridas y luego revisé rigurosamente lo recolectado, haciendo un estricto control de calidad que daban como resultado unas amorosas uvas dionisíacas.

 

La abundancia de dionisio

 

El resultante de esta cosecha aun lo desconozco. Deberé esperar hasta la próxima primavera, cuando renazca con la abundancia de Dionisio, en la próxima vendimia.