En el antiguo Egipto, el misterioso viaje de Sokaris por la Región del Rosetau es el camino que persigue el alma del difunto después de su paso por el mundo.

 

Siempre me fascinó la forma con la que los pueblos más primitivos trataron este tema tan delicioso aunque silenciado. La muerte, algo tan natural que nos hemos acostumbrado a hablarlo bajito y siempre en puntitas de pie.

 

El misterioso viaje de Sokaris

 

 

El misterioso viaje de Sokaris

Templo de Nefertari – Abu Simbel, Egipto.


 

Si hay un tema que siempre rondó mi cabeza fue este. Pienso que el paso por esta travesia que es la vida tiene que ver con la oportunidad de dar el gran salto; el cual nos prepara para un viaje cada vez más profundo. Si aprovechamos su estadía en este vehículo sagrado que es el cuerpo, el cual nos permite experimentar nuestro bagaje: la consciencia, el alma evoluciona en formas cada vez más sofisticadas y enriquecedoras. Sin embargo, si no lo hacemos, todo se repite en un tortuoso y denso deja-viú. 

 

El misterioso viaje de Sokaris

Templo de Ramsés II – Abu Simbel, Egipto.


 

«Construí esta tumba en esta necrópolis, junto a los grandes espíritus que aquí están,

para que se pronuncie el nombre de mi padre y de mi hermano mayor.

Un hombre es revivido cuando su nombre es pronunciado».

 


 

Esta inscripción se conserva en la tumba familiar de Petosiris: el sumo sacerdote de Thot en Hermópolis Magna, de los tiempos de la segunda dominación persa. Petosiris creía que el hombre cuyo nombre era olvidado no solo dejaba de existir, sino que, además, era como si nunca hubiese existido. El recordar a una persona revivía al alma donde quiera que se encontrara. Tal es así que el nombre de Akhenatón: el faraón hereje que intentó introducir el monoteísmo de la mano de Amon- Ra, fue borrado, tras su muerte, de cada piedra. 

 

El misterioso viaje de Sokaris

Templo de Ramsés II – Abu Simbel, Egipto.

 

El misterioso viaje de Sokaris

Templo de Abbidos, Egipto.

 

El misterioso viaje de Sokaris

Tumba de Merenptah – El Valle de los reyes, ribera oeste del Nilo – Luxor, Egipto.

 

Tumba de Tausert (reina) y de Setnakht (rey) - El Valle de los reyes - Ribera oeste del Nilo - Luxor, Egipto.

Tumba de Tausert (reina) y de Setnakht (rey) – El Valle de los reyes – Ribera oeste del Nilo – Luxor, Egipto.


 

Es imposible celebrar nuestra existencia sin la aceptación verdadera de la muerte. Siempre digo que las veces que más viva me sentí fue cuando la parca pisó mis talones. Morimos muchas veces. Yo, de momento, ya voy por la cuarta vida en esta vida. De cómo vivimos, morimos; y no hay nada más sagrado que vivir codo a codo con la conciencia del fin. Sabiendo que lo que eres, no es lo que serás, que no somos de una determinada manera, que tus compañeros no siempre estarán y que tu cuerpo cambiará, tus trabajos, y absolutamente todo se irá y desaparecerá (en formas). Percatarse de la insignificancia de todo lo que se ve, es comprender la trascendencia que hay en lo que no se ve. Al final, el reconocer nuestra finitud nos hace estar presentes. Y estarlo es la manifestación viviente más genuina.

 

Tumba de Tausert (reina) y de Setnakht (rey) - El Valle de los reyes - Ribera oeste del Nilo - Luxor, Egipto.

Tumba de Tausert (reina) y de Setnakht (rey) – El Valle de los reyes – Ribera oeste del Nilo – Luxor, Egipto.

 

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