Zaratustra, con sus enseñanzas, reforma las creencias practicadas en la zona. Con la adoración a Ahura Mazda, se implementa el monoteísmo: el paradigma del momento.

 

Así hablaba Zaratustra

 

Los últimos zoroastrianos de Irán se encuentran en Yazd. Allí se mantiene el Templo del Sol: el Atashkadesh donde se halla el fuego que se eterniza generación tras generación. En sus cercanías, aún se mantienen las impresionantes Torres del Silencio: unas edificaciones funerarias donde los muertos se arrojaban bajo el sol para desaparecer bajo las garras de las rapiñas.

 

últimos zoroastrianos- Cham, Yazd- Irán

Los últimos zoroastrianos en Cham – Yazd, Irán.

 

Torre del viento- Cham- Yazd

Torres del viento. Cham, Yazd.

 

Cham, Yazd- Irán

Cham, Yazd.

 

Así hablaba Zaratustra

Cham, Yazd.

 

Así hablaba Zaratustra

Cham, Yazd.

 

Así hablaba Zaratustra

Cham, Yazd.

 

Torre del silencio de Cham- antiguos cementerios (prohibidos desde hace 50 años

Torre del Silencio.  Cham, Yazd.

 

Torre del silencio de Cham- antiguos cementerios (prohibidos desde hace 50 años

Torre del Silencio: construcciones funerarias prohibidas hace ya 50 años.

Cham, Yazd.


 

En Así hablaba Zaratustra, Nietzsche* nos cuenta que el profeta se había retirado de todos, y de todo, durante diez largos años. Pasado este tiempo, decide descender las montañas para reencontrase con la humanidad, así como Prometeo, con el fuego recién robado del Olimpo.

 

Cuando el profeta llegó a la primera ciudad, situada al borde de los bosques, encontró en el mercado a la muchedumbre esperando la función del volatinero. Y les dijo:

 

-Yo les enseño el superhombre. El hombre es algo que debe ser superado. ¿Qué habéis hecho para superarlo? ¿Queréis volver al animal en lugar de superar al hombre? (…) Frente a la luz de lo que podríamos ser, lo que somos es algo irrisorio. Nos estamos comportando como un mono imitador.

 

Y siguió diciendo:

 

-¿Ansía la razón llegar al saber, así como el león ansía su presa?

 

Nietzsche inmortaliza «Más allá del bien y del mal»: una frase llena de sentido, también enseñada por Lao Tse y Confucio en la milenaria China; o por Sócrates, Platón y Aristóteles cuando en la antigua Grecia ya hablaban de la tercera fuerza: el equilibrio. Nos llega en sutras del budismo, o también, algo más moderno, cuando «la conjunción de los opuestos» aparecía en indescifrables manuscritos alquímicos como en el Rosarium philosophorum; o bajo las enseñanzas de Cristo, y también, como no, personificada en sabios como Zaratustra, Rumi, Gurdjieff, entre otros.

 

Así hablaba Zaratustra

Atashkadeh: el Templo del Fuego. Yazd. Irán.

 

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